En el Valle de Uco, con Salentein y Monteviejo

Nota Creada el 2017-01-07 10:59:48
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En una nueva entrega de la serie de notas en las cuales comentamos lo vivido en el Wine Lovers Tour Mendoza 2016 narramos la visita que el grupo paraguayo realizó a ambas casas de vinos.





Por Alejandro Sciscioli

Tal como escribí en un artículo anterior, un ajetreado fin de año me impidió continuar con regularidad el relato de lo vivido durante septiembre y octubre últimos en el Wine Lovers Tour Mendoza 2016, protagonizado por un apasionado grupo de socios de In Vino Veritas Club Privado y lectores de Parawine.com. Y ahora, un impensado arranque de año muy atareado sigue confabulando en contra de la publicación de las crónicas. Pero lo importante es que, pese a todo, ¡sigo adelante!

Así, en entregas anteriores escribí sobre el inicio del viaje a la hermosa provincia argentina del sol y el vino, así como los pormenores de una muy poco feliz experiencia en el famoso 1884 Restaurante, del mediático Francis Mallmann.

En este capítulo se narrará todo lo vivido exactamente al día siguiente de la cena en 1884, durante una jornada que nos encontró con el ánimo bien arriba, con muchas ganas de catar y, también, con un inquebrantable espíritu de conocer sitios, personas y sabores nuevos.



SALENTEIN. El viaje hasta el Valle de Uco desde la capital mendocina siempre es un poco largo. Y desde el hotel donde nos alojamos hasta Bodegas Salentein, primer destino de esa jornada, tardamos casi una hora y media para recorrer los 110 kilómetros de distancia. 

El paisaje en Uco siempre es sobrecogedor. Por un lado están las zonas agrícolas irrigadas, y por otro los desolados parajes adonde el agua no llega, lo que genera enormes contrastes. Pero siempre lo más bello es observar las omnipresentes cumbres andinas, imponentes, maravillosas.

Llegamos a la hora señalada y nos presentamos ante Marcelo, nuestro guía designado, quien ya nos aguardaba. Y desde el punto de recepción de visitantes (donde también funcionan varios espacios, entre ellos el excelente restaurante de la casa) nos dirigimos a la bodega.

Salentein es una casa vitivinícola relativamente nueva: en 1995 comienzan a plantar las vides en la zona de Uco, en 1998 comienza la construcción de la bodega y, en 200, inicia sus actividades oficialmente. Actualmente posee unas 2.000 hectáreas de tierras, de las cuales 800 están cultivadas con vides.

Tiene básicamente dos marcas: la de vinos jóvenes y de alta rotación es El Portillo, de la que se elaboran 6 millones de litros anuales, mientras que la de alta gama es Salentein, cuyos todos sus vinos llevan crianza en madera salvo el Sauvignon Blanc.

Pasear por las instalaciones es un verdadero placer. Y resulta especialmente bella la sala circular de barricas donde habitualmente se realizan espectáculos musicales y artísticos. Luego de saciar la consabida necesidad de fotos llegamos a una sala privada de cata donde nos aguardaba una larga fila de copas esperando ser llenadas.



¿Qué catamos? Siete muy buenas etiquetas. Yendo de un menor a mayor en líneas, precios y estilos de elaboración inició la cata con Salentein Reserve Malbec 2015, frutal en nariz y de excelente acidez, cuerpo y estructura en boca. Luego le llegó el turno a Salentein Reserve Cabernet Sauvignon 2015, frutado, especiado y balsámico en nariz y, al igual que su predecesor,  de excelente acidez, cuerpo y estructura en boca. Ambas etiquetas tienen una crianza de 12 meses en barricas nuevas (20%) y de segundo y tercer uso; y en los viñedos donde las uvas son cultivadas el rendimiento está en torno a los 8.000 kilos por hectárea.

Salentein Numina Malbec 2014 y Salentein Numina Cabernet Franc 2014, en tanto, tienen una crianza de 14 meses en barricas nuevas (50%) y de segundo uso (50%), mientras que el rendimiento es de 6.000 kilos por hectárea. El primero resulta complejo en nariz (se percibe madera, fruta, mermelada, vainilla y una leve nota especiada), y en boca se percibe con acidez, cuerpo y taninos altos, al tiempo que obsequia un largo final. El Cabernet Franc es intenso en aromas (aparecen especias, pimiento rojo, vainilla, mermelada, eucalipto), mientras que en boca se destaca por poseer acidez, cuerpo, taninos altos y un final maravillosamente largo y placentero.

Subiendo la “escalera” de calidad, le llegó el turno a Salentein Primus Malbec 2013 y Salentein Primus Cabernet Sauvignon 2012, con más crianza en barrica y menor rendimiento de uva por hectárea. El primero resulta complejo, con aromas a fruta roja y negra, más un punto especiado y notas leves a chocolate; en boca presente un delicioso “sweet point”, acidez alta (es bien fresco), y un largo final. En el Cabernet, en tanto, aparecen aromas a pimienta, un punto de eucalipto y un recuerdo a regaliz, mientras que en boca su acidez es fresca, con sabores retronasales a pimiento rojo, pimienta y especias.

Con Salentein Gran VU Blend 2012, vino ícono de la casa, cerramos la cata. Se trata de un ensamblaje que tiene columna de Malbec, más Cabernet Sauvingon al cual debemos tenerle paciencia: tarda en abrirse, pero luego ofrece una muy buena y compleja nariz, mientras que en boca seduce por gran volumen y muy largo final.

Tras la cata nos aguardaban en el restaurante, donde nos dimos una panzada. ¿El menú? Épico: Conejo en escabeche, Bruschetta con queso crema especiado y morrones asados, Empanadas de carne, Lomo grillado con salsa criolla, hongos papines y tomates asados, Sorbete de frutos rojos y vino espumoso y Torta de manzana con helado. Y hubo más y muy buenos vinos en las copas: Salentein Brut Nature (excelente espumante método tradicional elaborado con Pinot y Chardonnay), Salentein Reserve Pinot Noir 2014 (un delicioso bombazo de fruta) y Salentein Transformando Valle de Uco Malbec 2015

En este punto quisiera destacar la excelente actitud y predisposición de Ruth, la camarera que nos atendió: profesional, simpática y canchera, supo llevar y manejar a un grupo de 16 dicharacheros y ruidosos comensales. Si visitan el restaurante, ¡pidan que ella los atienda! Y así, con la panza llena y el corazón contento partimos rumbo a Bodega Monteviejo.



MONTEVIEJO. Una de las maravillas de este tipo de viajes es que muchas veces uno cree que, tras vivir una experiencia increíble, ya nada de lo que venga después podrá estar a la altura. Así, creíamos imposible superar la experiencia de Salentein, pero en Monteviejo nos demostraron que todo lo bueno, ¡puede mejorar!

La bodega está enclavada en medio de los viñedos de Clos de los 7, resultado de un ambicioso proyecto llevado adelante por el famoso enólogo y consultor francés Michel Rolland, quien convenció a pares suyos, todos viticultores de Burdeos, para que inviertan e instalen sus bodegas en Argentina. Si bien cada casa de vinos es independiente, el proyecto Clos de los 7 los une: 4 bodegas dirigidas por 4 familias, 1 vino elaborado en común y ensamblado por el propio Rolland. ¿Cuáles son las viñas involucradas? Monteviejo, Cuvelier los Andes, DiamAndes y Bodega Rolland, todas asentadas en Valle de Uco, vecinas, en un mismo predio.

Y en verdad que la arquitectura de Monteviejo seduce: construyeron una suerte de ladera artificial que hace las veces de techo de la bodega, sobre la cual ¡hay vides plantadas! Allí degustamos nada menos que 10 vinos, incluyendo varios vinos personales de Marcelo Pelleritti, el enólogo de la bodega que hoy es un verdadero celebrity wine star. Y como si esto fuera poco, ¡probamos las mejores empanadas de todo el viaje!



¿Qué catamos? Nada menos que 10 muy buenos vinos, con la guía de Enrique Bazán, export manager. Primero, Festivo Rosé 2016, intenso y frutal en nariz, fresquito en boca. Luego, Petite Fleur Torrontés 2015 (elaborado con uvas cultivadas y vinificadas en Cafayate, Salta), intenso pero elegante en nariz, fresco y floral en boca. 

No podía faltar Lindaflor Chardonnay 2014, uno de mis blancos favoritos por su excelente relación entre precio y calidad. Este vino fermenta en barricas francesas de primer uso y, luego, es criado durante 12 meses en madera. Complejo en nariz, en boca posee un muy buen volumen y cuerpo sin perder acidez, frescura e intensidad retronasal. 

Petite Fleur Malbec 2014 fue el primer tinto de una tarde a puro vino: bien frutal y de muy buena acidez, obsequia un final largo. Y el segundo, Lindaflor Blend (Malbec Syrah) 2010, que fermenta en barrica, es criado 24 meses en roble y que enamora por su complejidad aromática y su gran personalidad en boca.

Las grandes sorpresas de la visita fueron tres vinos personales elaborados por Marcelo Pelleriti. Así, a nuestras copas llegaron Marcelo Pelleriti Reserve Malbec 2013, Marcelo Pelleriti Cuvée Especial Blend 2011 (80% Malbec y 20% Cabernet Franc) y Abremundos Octava Alta 2011 (80% Malbec y 20% Cabernet Franc), todos distintos, particulares, muy interesantes y ricos.

Y finalmente, nos deleitamos con Petite Fleur Extra Brut (espumante de método tanque elaborado íntegramente con Chardonnay), muy fresco y agradable, y Lindaflor Cosecha Tardía 2014 (también de Chardonnay), dulce pero no empalagoso, de muy buena acidez.

Fue muy difícil levantarse de la mesa y seguir viaje: nos trataron tan, pero tan bien, que muchos querían quedarse a cenar. 



VERTICAL. Finalmente, en la sede de Bodega Rolland tuvimos el privilegio de disfrutar de una cata vertical de Clos  de los 7, de las añadas 2011, 2012 y 2013, más una fresca y elegante sorpresa: el Sauvignon Blanc Mariflor 2015, elaborado por Rolland.

Todo lo bueno que se pueda decir de Clos de los 7 está plenamente justificado: es complejo en aromas e impresiona por una gran personalidad en boca. En este caso pudimos constatar que el paso del tiempo le sienta realmente muy bien.

Fue nuestro anfitrión José Zeballe, Tourism & Hospitality Manager de Clos de los Siete S.A., quien con mucha paciencia nos realizó una visita guiada por las instalaciones de la bodega e, incluso, tuvo la amabilidad de abrir especialmente para el grupo la tienda de la bodega.

Durante el viaje de retorno a la ciudad de Mendoza, a pedido de la participante más joven del grupo sonó muy fuerte en los parlantes del transporte una rigurosa selección de canciones de rock argentino, que fueron coreadas alegremente por todos.

La jornada cerró oficialmente tras una cena Azafrán restaurante, uno de los sitios gastronómicos obligados de la ciudad.

Debíamos descansar bien, ya que al día siguiente teníamos que retornar al Valle de Uco para visitar dos maravillosas bodegas. Pero claro, lo vivido en esa jornada será narrado en el próximo artículo.

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Leé también:

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- Crónica de un maravilloso día vinero junto al Grupo Peñaflor 

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