Por Alejandro Sciscioli
Detrás de cada vino hay una historia. Detrás de cada bodega, también. Y siempre es un placer poder contar esos relatos que están esperando, en la sombra, la pluma que bosqueje esas anécdotas que reflejan una filosofía de producción y, muchas veces, también un estilo de vida.
Entre fines de junio y comienzos de julio de este año visitamos el hermano país de Uruguay, que con sus fabulosos Tannat está enamorando mercados y seduciendo paladares.
Más allá de que nos agarró el escándalo de Pluna, que dejó de volar justo en los días de nuestra estadía, decidimos relajarnos y gozar de unos días únicos en una Montevideo que me pareció mágica y misteriosa, con sus interminables ramblas, la cortesía de su gente, las delicias de su cocina y sus bellos sitios típicos. Esa, claro está, es una historia que contaremos en otra entrega.
En esta, puntualmente, me dedicaré a comentar todo lo vivido y degustado en la visita que realizamos a la Bodega Juanicó, el establecimiento que la Familia Deicas posee en las inmediaciones de Canelones, a apenas 30 kilómetros al norte de la capital del país, en un pueblo que, precisamente, lleva el nombre de Juanicó.
En Paraguay conocemos varios de los vinos elaborados por esta empresa. Sin embargo, el desafío era conocer el sitio de producción, los viñedos y, claro, degustar más de sus vinos.
Todo fue posible gracias a la gentileza de Marcelo Bonino y Diego Pérez, ambos del área Comercial de la firma charrúa. Así, el 2 de julio, puntualmente a las 10 de la mañana, llegamos al sitio con un marco lluvioso y muy frío. Aún así, el paisaje que nos aguardaba al entrar era muy bello: un cobertizo con autos antiguos estacionados, construcciones restauradas que mantienen el encanto de la época en que fueron edificadas y, por supuesto, los viñedos, todos a la vista.
Salió a nuestro encuentro Marcela Méndez, encargada de guiar a los grupos turísticos que visitan el lugar, “sin importar si se trata de una persona o un contingente gigante que haya bajado de un crucero”, aclaró. Nos recibió e invitó a ingresar a un sitio donde reciben a las visitas y donde funciona un restaurante cuando los grupos son numerosos.
Y rápidamente nos adentramos en el mágico viaje al mundo de los vinos de Bodega Juanicó Establecimiento Familia Deicas.
DETALLES QUE ENAMORAN. La primera sorpresa fue saber que el rústico piso de gruesos maderos que estábamos pisando, estaba íntegramente compuesto de tablones de lapacho que fueron recuperados de uno de los muelles del antiguo puerto de Montevideo. Y se trata de madera realmente antigua, pues se estima que data del año 1878. Fue comprada por los dueños de la bodega en un remate.
La estancia, grande y de techos bien altos, tiene pese a todo una gran calidez y da a quienes se sientan en los amplios sillones una maravillosa vista de los campos plantados, gracias a unos enormes ventanales estratégicamente dispuestos. Otro hermoso aspecto de la estancia que llama la atención son los cuadros que engalanan las paredes, todos firmados por artistas uruguayos, “porque uno de los objetivos de los dueños de la bodega es promover la cultura de nuestro país”, explicó la guía.
En ese salón hay además una especie de altar en homenaje a don Massimo Deicas, el primer miembro de la familia en llegar a América. Desembarcó en 1870 proveniente de un pueblo del norte de Italia, llamado Baldelina, con su profesión de carpintero a cuestas. De hecho, en la mesada están expuestas muchas de las herramientas que el nonno utilizaba.
Los actuales dueños compraron el establecimiento 5 de diciembre de 1979, que anteriormente tuvo tres administraciones.
La historia comienza en 1830, con la llegada del primer integrante de la familia Juanicó, de nombre Francisco, proveniente de las españolas Islas Baleares, puntualmente, isla Menorca.
Don Francisco se dedicaba a la cría de vacas y ovejas. Sin embargo, cuando llega al lugar, se enamora del paisaje y rompe con la tradición ganadera de la zona, decidiéndose a plantar viñedos.
Y así fue que la familia Juanicó se dedicó a trabajar con viñedos entre 1830 y 1914.
En 1914, uno de los herederos no estaba interesado en continuar con la nueva tradición familiar y vendió la bodega, que fue comprada por la Famila Ceré, de origen portugués, que era vecina de la zona. Continuaron con la tarea viñatera hasta que en noviembre de 1945 uno de los miembros de la familia se enferma gravemente y contraen importantes deudas económicas. Por ello deciden vender.
Así fue que entra el estado Uruguayo a administrar el establecimiento. Sucede que, por aquellos turbulentos años, la Segunda Guerra Mundial estaba en su apogeo y, como productor ganadero, Uruguay era proveedor del corned beef que los combatientes franceses consumían. Como Francia no podía pagar en efectivo, el país galo decide dar a Uruguay la licencia para producir Cognac.
Fue así que el Estado se establece en el sitio y comienza a producir el apreciado brandy que se elabora a partir del vino de uva blanca. Estaban autorizados a producir y comercializar el producto con el nombre Cognac, pero no podían exportarlo.
En 1979 el Gobierno detiene la producción de Cognac y el 5 de diciembre de ese año la Familia Deicas se hace cargo.
LOS VIÑEDOS. A pesar del frío y la pertinaz llovizna, comenzamos la visita con el obligado paseo entre los viñedos, que se cumplió con mucho gusto. Allí observamos que hay dos tipos de hileras, unas con los tradicionales espalderos y, las demás, en forma de lira (con un tronco central y dos brazos que se abren, dando una forma similar a la del instrumento musical). “Este es el sistema que mayormente se utiliza en las viñas uruguayas”, explicó Marcela.
El establecimiento cuenta con 280 hectáreas de viñedos y 30 variedades de uvas plantadas. Dentro de las cepas blancas poseen Chardonnay, Viognier, Sauvignon Blanc, Sauvignon Gris y Gewürztraminer, mientras que entre las tintas cuentan con Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Tannat, Merlot, Petit Verdot, Pinor Noir, Pinot Meunier, Syrah, Marselan y Touriga.
Como nos encontrábamos en Uruguay, no me sorprendió escuchar a Marcela mencionar que el 60% de la superficie plantada corresponde al Tannat. El resto se divide en un 20% para el Merlot, mientras que en el 20% restante se cultivan las otras 28 variedades.
Un detalle interesante es que entre las hileras hay pasto plantado, para evitar que las vides absorban toda el agua disponible. También se busca con ello dar firmeza al suelo y fijar los nutrientes al suelo para que las parras puedan acceder a ellos del mejor modo.
Nuestra guía explicó también que Establecimiento Juanicó es una de las bodegas que más litros de vino elabora en Uruguay. Puntualmente, produce unos 5,5 millones de litros por año, de los que se exporta casi el 30% a 26 países en todo el mundo, entre ellos Paraguay. Los principales mercados, no obstante, son Brasil, EEUU y Canadá. De hecho, en 1999 la firma logró colocar sus productos en el exigente mercado de Inglaterra, lo que les permitió ingresar a otros países europeos.
“Acá trabajamos durante todo el año 190 personas, de las cuales 100 se encargan de las tareas de campo, es decir todo lo que tiene que ver con preparación de la tierra y cuidado de los viñedos. Las restantes trabajan en lo que tiene que ver el proceso industrial”. En las épocas de la vendimia trabajan en la viña unas 300 personas.
Posteriormente visitamos la planta de fraccionamiento y embotellado, la zona donde se encuentran los grandes tanques de acero inoxidable y, finalmente, pasamos a la sala de barricas. En los dos primeros lugares se impone una imagen muy moderna. En el último, sin embargo, reina una magia muy especial: para acceder a él hay que retornar al sitio donde iniciamos el recorrido y bajar al subsuelo del edificio. Se pasa primero por una zona donde se realizan las catas privadas de la familia y donde es posible observar una gran cantidad de obras de artistas uruguayos. Y cuando la puerta se abre la magia se desata: luz tenue, techos abovedados, paredes húmedas y barricas americanas y francesas se conjugan para dar vida a una zona que es de paso obligado.
LA DEGUSTACIÓN. Luego del recorrido llegó el ansiado momento de probar los vinos de la casa. La degustación se realizó en el sitio adonde entramos por primera vez y, al llegar, una sensación de calidez me embargó, causada por la noble conjunción de la hospitalidad que nuestros anfitriones hacían gala más la ambientación preciosa y, como punto culminante, el hogar encendido.
Junto a las copas vacías y los cinco vinos dispuestos estaba presta una generosa picada de embutidos, quesos y frutos secos, más un alucinante pan baguete, crujiente y tentador.
Antes que nada probamos los aceites de oliva que la casa elabora bajo la marca Familia Deicas.
El primero vino en llegar a nuestras copas fue el Don Pascual Brut Blanc de Blancs 2011, un Sauvignon Blanc sin paso por madera que impresionó por sus interesantes características. De color amarillo pajizo con reflejos verdosos, en nariz se mostró expresivo y fresco, con notas herbáceas (ruda), fruta blanca, lichi y un delicioso toque cítrico. En boca entra muy bien y resulta fresco y con buena acidez, mientras que las notas frutales y cítricas vuelven a aparecer mientras el sabor dura.
Luego, Pueblo del Sol Tannat Rosé 2011, de un color rosado delicado y suave. En nariz se sienten claramente los frutos rojos (especialmente la frutilla) y, en boca, es fresco, suave, con muy buena acidez y un retrogusto frutado (frutilla).
En tercer término las copas engalanaron con el espectacular Don Pascual Tannat Roble 2010, con una crianza en madera de entre 6 y 9 meses. Posee un atractivo color rojo rubí muy profundo; en nariz es muy expresivo, con notas a mermeladas de frutos rojos, especias, vainilla y un ligero toque a café. En boca presenta muy interesantes cuerpo, estructura y acidez, llena la boca y presenta notas a vainilla y chocolate, con un toque dulzón y taninos presentes (aunque no molestos). En la medida que evoluciona en copa aparecen en boca deliciosas notas a café.
Posteriormente degustamos Don Pascual Roble Cabernet Sauvignon 2009, también criado entre 6 y 9 meses en barricas. Presenta un color rojo rubí profundo y brillante. En nariz es muy interesante: se percibe fruta roja madura, un toque a uva pasa, especias, vainilla y un dejo de tomate asado. Entra muy bien en boca, con suave acidez y buen cuerpo, algo picantito, más un interesante retrogusto a locote rojo.
El quinto vino, Familia Deicas Preludio 2006, es un lujo. Se trata de un blend con una crianza de 24 meses en roble en el cual predomina el Tannat (49%). Su composición se completa con Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot, Petit Verdot y Marselan. Su color es de un hermoso rojo rubí muy profundo y brillante. En nariz es muy elegante y complejo, con notas a mermelada, chocolate, café, madera y un toque ahumado. En boca es fantástico: entra muy bien y llena la cavidad bucal, es redondo y sin puntas, sedoso, algo picantito y de un largo y agradable final. No puede faltar en tu cava, sin dudas.
Creímos que habíamos terminado, pero Marcela nos sorprendió con el Licor de Tannat 2008, que sorprende en nariz con claras notas a chocolate y en boca es deliciosamente dulce, pero no empalagoso.
El broche de oro tuvo, precisamente, un color dorado intenso (casi ámbar): a las copas llegó el late harvest Botrytis Noble 2009, un assemblage tardío compuesto por las variedades Sauvignon Gris, Sauvignon Blanc, Gros Manseng, Gewürztraminer y Petit Grain, que cuenta con una crianza de entre 6 y 9 meses en barricas francesas de primer y segundo uso. En nariz es un placer, con claras notas a fruta seca, manzana en almíbar, lichi, más delicados toques florales. En boca presenta un muy buen equilibrio entre dulzura y acidez, con deliciosas notas a miel.
Así llegábamos al final de la visita, en la cual fuimos tratados a cuerpo de rey. Luego del café y las despedidas, enfilamos a Montevideo para seguir paseando y conociendo las maravillas de un país hermoso.
Degustando la magia de Juanicó, en plena bodega
Entre fines de junio y comienzos de julio de este año estuvimos en Uruguay, que con sus fabulosos Tannat enamora mercados y seduce paladares. Recorrimos las instalaciones de la famosa viña uruguaya, en Canelones, y degustamos varios de sus excelentes vinos.
Septiembre 24, 2012