Por Alejandro Sciscioli
Durante la semana que pasó tuve oportunidad de leer un divertido artículo publicado en el año 2013 por el diario El Mundo de España, en cual se analizaban distintos tipos de "pedantería enológica".
En el mismo se detallaban diversas frases hechas (y no tanto) sobre quienes presumen tener conocimientos sobre vinos y, en realidad, son consumidores usuales que buscan incorporar lenguaje técnico tratando de parecer más "cool".
Tras reírme un rato de buena gana con la lectura, recordé una famosa frase que, creo, fue acuñada por el genial Miguel Brascó acerca de la "flatolabia del vino", es decir, hablar "al pedo" sobre tan noble bebida.
Gracias a "san Google", finalmente me topé ante un par de notas publicadas por el sitio web PlanetaJoy, el cual ha dedicado a la cuestión una frondosa cantidad de muy divertidas líneas.
Pero cuando las carcajadas terminaron, la sonrisa se fue de mi rostro para dar paso a un rictus de preocupación, ya que comencé a pensar seriamente en el famoso dicho "y por casa, ¿cómo andamos?".
Leyendo y releyendo mucho de lo escrito en este portal, me encuentro con frases y hasta artículos enteros que bien pueden resultar comprendidos entre las generales de la pedantería o la "flatolabia"...
Quienes hacemos este sitio, ¿utilizamos un lenguaje incomprensible? ¿Será que tal vez nos mandamos la parte de puro esnobs? O lo que es peor, y lo digo horrorizado, ¿hablamos sobre un tema tan caro a nuestro afecto sin tener preparación académica suficiente?
En verdad no me animo a esbozar respuestas, ya que toda autocrítica debe ser realizada puertas hacia adentro, mientras que las observaciones en voz alta seguramente surgirán de nuestros lectores. Con una mano en el corazón me animo a afirmar que cuando reseñamos notas de cata, buscamos expresar las sensaciones que nos embargaron durante las degustaciones y evitamos en lo posible todo lirismo superfluo. ¿O no?
En suma, lo que comenzó con risas, chanzas y alusiones burlonas a terceras personas terminó llevándome a un profundo ejercicio de introspección.
Para finalizar vale recordar aquella máxima que reza "el mejor vino es el que más te gusta".
El resto, ¿es puro bla, bla?
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