Por Daniel Fassardi
Días pasados, mientras estaba enfrascado en una de mis habituales sesiones de navegación por internet, se me ocurrió visitar el sitio web de una bodega chilena que siempre me resultó muy interesante por su compromiso en la elaboración de vinos con certificación orgánica y biodinámica.
Me refiero, claro está, a Viña Emiliana, una casa de vinos que afronta el gran desafío de competir en precio y calidad con otras bodegas que trabajan con esquemas de producción tradicional. Y lo mejor de todo es que está logrando unos resultados tan buenos que, de hecho, las diversas etiquetas de la casa no paran de recibir reconocimientos.
Me detuve especialmente en mirar los logros de una en particular, Gê, un blend que es el ícono de la viña. Así, en el 2014 esta etiqueta obtuvo los siguientes reconocimientos:
- Gê 2010: 97 Puntos, James Suckling, posición 31 de los 100 mejores vinos del año 2014.
- Gê 2011: 93 Puntos, Ranking Mejores Vinos Colchagua, Descorchados 2015
- Gê 2011: 95 puntos, www.jamessuckling.com, junio 2014
- Gê 2010: 97 puntos, www.jamessuckling.com, junio 2014
- Gê 2011: 91 puntos, Wine Advocate, junio 2014
Con semejantes antecedentes me intrigó mucho este vino que, increíblemente, no había llegado aún a mi copa. Por ende, propuse al editor del portal la realización de este artículo y, tras su aceptación, me dirigí con alegría al show room que la importadora de esta marca posee en Av. Aviadores del Chaco y Molas López para adquirir un ejemplar.
Luego, avisé a mi querida amiga S., siempre cómplice de mis aventuras vineras, que esa noche teníamos como misión descubrir un vino chileno con muchos pergaminos.
¿Con qué nos encontramos? Primero, vale decir que descorchamos y decantamos un Gê cosecha 2010, blend de Carmenere, Syrah y Cabernet Sauvignon. A la vista impresiona por su color rojo rubí muy profundo. En nariz resulta muy complejo, con notas a fruta roja, pimiento rojo, toques herbáceos y café; al ir abriéndose en la copa se acentúan los toques a pimiento rojoy aparecen otros, como mentol y un punto ferroso. Entra en boca con gran personalidad, aunque resulta sedoso, redondo, con cuerpo, volumen y estructura agradables; en su largo final destacan unos maravillosos retrogustos a vainilla.
Sin dudas, este vino volverá a mi copa muy pronto. Es realmente un hallazgo.
Descubriendo a Gê 2010, de Viña Emiliana
Una ronda de navegación por internet terminó en el descorche del vino ícono de esta bodega chilena, que se destaca por elaborar sus productos con certificación orgánica y biodinámica.
Febrero 17, 2015